Aprendo a descoser el hilo que nos une,
para desanudar mis raíces del aire.
¿Cómo aferrarme a la simiente del silencio?
¿Para qué, si no me has dado más opción
que subsistir de tu ausencia en mis palabras?
Callar para que la furia de otra boca
no te azote con la dureza de este frío en el rostro,
para que no te duela el miedo,
aunque yo haya de renunciar a mi nombre.
Callar como tú callas.
Aunque me duela la luz,
la tierra, el tiempo, el agua.
Desaprender caminos para no saber regresar
al corazón del laberinto,
para seguir perdida en mi deriva
de albatros, para seguir tejiendo
de susurros el manto de una voz
que cubra el llanto de mi calma.
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