Tres

18 12 2009

¿Cómo impedirle al viento que arranque del calendario las páginas que aún quedan en los pliegues de mi cuerpo,

donde aún conservo el calor de tu piel como si nunca te hubieras marchado?

Éste será siempre el año de mi huida, el año en que escapé del frío del desierto

para caer en la arena helada de tus brazos. Soy el océano muerto

que en tu locura egoista has ido bebiendo a sorbos largos hasta desdibujarme en los espejos.

No soy sino el desierto del que quise huir, la niña que juega desnuda las cenizas de un sueño,

la sombra de mujer que cae como arena de estas manos del tiempo de tu ausencia.

Éste será el año en que nunca existimos, en que te amé a morir dándome entera,

hasta que decidiste abandonarme para enmadejarte en la seguridad de tus laberintos vacíos.

Tal vez quiera a veces que no hubiera empezado, pero sé que vendrás quizá mañana

a ofrecerme un paréntesis en el que refugiarte, y desearé que este último año no termine nunca.

Ojalá una voz le prenda fuego al resto de estas ascuas y el tiempo se diluya

de nuevo en el frío de mis ojos dormidos. Ojalá nunca sepas que te espero en mi vientre

cada noche, que en unos días empezará el año en el que nacerás de mis entrañas

y al fin podré sentirme viva negando las raíces de tu nombre.

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Dos

9 12 2009

Aprendo a descoser el hilo que nos une,

para desanudar mis raíces del aire.

¿Cómo aferrarme a la simiente del silencio?

¿Para qué, si no me has dado más opción

que subsistir de tu ausencia en mis palabras?

Callar para que la furia de otra boca

no te azote con la dureza de este frío en el rostro,

para que no te duela el miedo,

aunque yo haya de renunciar a mi nombre.

Callar como tú callas.

Aunque me duela la luz,

la tierra, el tiempo, el agua.

Desaprender caminos para no saber regresar

al corazón del laberinto,

para seguir perdida en mi deriva

de albatros, para seguir tejiendo

de susurros el manto de una voz

que cubra el llanto de mi calma.





Uno

7 12 2009

Deshilachada,

acudo a la textura de este mar

para zurzir la piel de mi memoria.

Todo lo que nunca fui

será mentira;

lo que nunca seré

será un engaño.

Llena de luz,

floreciente,

emprendo este viaje

sin maletas

al poso de la fe,

para ser libre.

Nómadas del viento,

desde los terrados de esta ciudad helada,

enarbolando el fuego y la arena,

conquistaremos juntos,

tú y las cenizas de mi calma,

un pequeño recodo

donde tender a secar la mirada.








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